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viernes, 4 de febrero de 2011

Tensión laboral sin fin: ¿cómo evitar caer en la adicción al trabajo o la procastinación?

El ser humano suele debatirse entre dos extremos. Se siente culpable por el tiempo libre y no lo disfruta. O bien, posterga las obligaciones in eternum y prioriza el goce. ¿Son conductas contrapuestas realmente? ¿O son la expresión de una misma actitud evasiva?

Está claro que la vida laboral suele generar tensiones. Pero, a veces, actitudes supuestamente contradictorias esconden la misma raíz: la necesidad de evadirse.
En un caso, el de los workalcoholics, o adictos al trabajo, la evasión pasa por sumergirse de lleno en las actividades laborales evitando involucrarse en una vida social plena.
Del otro lado, están los procastinadores, que viven posponiendo las obligaciones o las decisiones. En general optan por evadirse con algo placentero. Pero, en algunos casos, el propio trabajo sirve como herramienta evasiva y también se utiliza como excusa para posponer todo.

¿Son conductas contrapuestas realmente?
"La procrastinación o posposición, es la acción o hábito de postergar actividades que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes y agradables", destaca Wikiepdia en su definición.
En contraposición al clásico dicho "no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy" los que practican la procastinación son afectos a la postergación eterna de las obligaciones.

Lo que puede percibirse como algo placentero en verdad esconde una patología que incluso puede conducir a cuadros depresivos.

No siempre lo que se pospone es el quehacer laboral sino una decisión percibida como importante y el trabajo resulta un buen escudo "placentero".

Por detrás del hecho de postergar está el concepto de evitar tensiones y estrés. En ese sentido hay una autojustificación.

En líneas generales hay una asociación entre lo que "hay que hacer" y lo desagradable y por ende se lo deja de lado.

Posponer en algún ámbito

Todos, de algún modo, tienen ciertas esféras de "procastinación". La cuestión se complica cuando eso se convierte en una conducta generalizada que invade diferentes territorios de la vida cotidiana y genera cierto estado de parálisis decisoria.

Pero, en algunos casos esta conducta se camufla bajo el formato adictivo. De esta forma la adicción no solo puede referirse a comportamientos típicamente ligados al placer, sino que también puede adueñarse del espacio del trabajo.
Gustavo Bravo publicó un artículo en El Confidencial donde plantea el tema de la concentración del trabajo y toma en cuenta esta problemática.


Desmotivados
Según el experto en el tema Ignacio Lirio, "un procrastinador sabe con más o menos precisión qué debe hacer y cuándo, pero no lo hace". Y esto básicamente tiene que ver con un problema de motivación.
Esto está relacionado con el estilo de vida laboral que impone la competencia frenética. Allí muchas veces surge la necesidad de la evasión.
"La mente procrastinadora activa una serie de mecanismos inconscientes de evitación, que posteriormente la mente consciente se encargará de traducirlos en sentimientos/pensamientos de culpa, frustración o en la mayoría de casos también en autojustificación".

Pendientes for ever
En el medio español Expansión, Ivonne Vargas Hernández, también tomó el tema desde el lado de la adicción al trabajo y cómo esto se convierte en una patología peligrosa.
"¿Experimentas culpabilidad si no estás en contacto con temas de tu oficina?, ¿sientes que cualquier rato libre deberías adelantar pendientes? Ambos comportamientos pueden ser una alerta de adicción al trabajo", dice la analista.

De consulta en consulta
El aspecto visible de Erika Robledo, de 34 años, era la de una publicista dedicada, que había alcanzado una buena percepción económica por el desempeño mostrado en su empresa.
La faceta oculta era la de una mujer que gastaba gran parte de su ingreso en visitar médicos alópatas y naturistas para soportar el estrés de jornadas laborales de 15 horas, casi a diario.
"Llegué a recurrir a acupunturistas varias veces a la semana, les pedía que me recibieran a las 7 de la mañana para después ir al trabajo. Más de una ocasión, tomé pastillas para dormir bien y el límite fue cuando uno de los médicos me dijo: tus enfermedades son producto de tu estrés incontrolable", comentó la publicitaria.
Desde entonces, Erika decidió empezar a buscar otro empleo y bajar su ritmo laboral, pero el desafío no fue sencillo.

Trabajo móvil
"Es difícil deshacerse del hábito de no tomar una llamada del jefe, o llevarse trabajo a casa, aunque sean días de descanso. Produce ansiedad saber cómo podrían calificar tu desempeño si actúas de esa manera", confiesa.

Un quinto de los trabajadores

Aunque no existen cifras exactas sobre la adicción al trabajo, se calcula que más del 20% de la población empleada, en el mundo, presenta este problema, según información publicada por la escuela de psicología de la Universidad Anáhuac del Norte de México.
En concreto, este padecimiento refiere una relación "patológica, con algo tan elemental para el ser humano, como es trabajar".
Son personas que lo hacen de forma compulsiva y suelen escapar de ciertas situaciones personales refugiándose en la oficina.

Dos caras

Un procastinador se aferra a los placeres para evadirse de sus obligaciones. Un adicto al trabajo o workalcoholic se "atrinchera" en sus ocupaciones laborales. Ambos se están evadiendo y las dos situaciones esconden algún grado de evasión.
"A veces, su conducta pasa desapercibida, pues culturalmente es bien visto que la gente se dedique con ahínco a su tareas laborales", explica la psicóloga de la UNAM, Julieta González Noriega.
Esto es lo contrario de lo que sucede con el procastinador que se dedica a evadir sus obligaciones, en ese caso, no es bien visto.
Aunque el término workaholic ha existido siempre, fue a partir de los años ochenta cuando las personas con esas características comenzaron a ser catalogados como ‘enfermos', por las repercusiones que esto tiene en la vida personal y en la salud, señala en un artículo la académica de la escuela de piscología de la Anáhuac, Alejandra Guitart.
De acuerdo con Guitart, no se debe catalogar como workaholic a quienes trabajan más de 8 horas al día por necesidad económica o profesional de manera temporal.
La adicción es diferente. En este caso el la persona escapa de aspectos que desconoce cómo controlar y busca en el trabajo su opción para seguir adelante.

Perfil claro
 Julieta González refiere que existen características peculiares en quienes están viviendo tal situación. Por un lado, destaca el trabajo excesivo; no les basta con dedicar muchas horas a la semana a sus pendientes, sino que optan por aceptar cualquier otro proyecto que se les asigne, aunque ello implique dedicarle fines de semana y días festivos.
"Es gente que está simultáneamente en varios asuntos, sin importar si los disfruta; parece que vive a contrarreloj; tiene escaso o nulo tiempo para otras actividades, como convivir con amigos; y se siente culpable, por ejemplo, si dedican una parte de su fin de semana a una cosa diferente, como leer un libro en lugar de resolver algún pendiente de la oficina", explica la experta.

Sin delegación

Alejandra Guitart en su informe "El trabajo: ¿una adicción?", menciona que a estas personas les resulta difícil delegar responsabilidades, son desconfiados y su círculo de amistades y hobbies se centran en compañeros de trabajo o en contactos que les aporten algún beneficio profesional.
Además, tienen miedo al tiempo libre, porque les parece una pérdida de tiempo y no saben en qué ocuparse.
Se puede decir que los adictos al trabajo rondan entre los 35 a 45 años y tienen una incesante necesidad de controlar todo, según refiere una investigación publicada en la revista Psicothema.

Ambitos de despliegue
Existe otro patrón común, cita González Noriega, la gente en esta situación, generalmente, se desempeña en actividades con tareas que les permiten potenciar su creatividad, aprender, desarrollarse, estar en contacto con muchas personas.
Añade que eso termina, en el caso de los workaholic, por convertirse en una especie de "droga", y lo cual da lugar a dos tipos de ‘adictos': aquéllos que son perfeccionistas y exigentes con sus entregas, porque quieren tener el control de ‘algo' y destacar en ello.
Por otro lado, están los obsesionados por crecer y tener proyección a como dé lugar, por eso buscan cualquier actividad que esté ligada a su mundo laboral; el lugar donde se han destacado.

Pan para hoy, hambre para mañana...

En un principio, las compañías que contrataban a una persona bajo este perfil estaban muy satisfechas, pero estudios recientes demuestran que no es del todo favorable tener en la plantilla a los adictos al trabajo, de acuerdo con Guitart.
El problema radica en que si bien suelen parecer muy "rendidores y productivos", a largo plazo el ritmo laboral que llevan, tan prolongado y sin control, los hace caer en errores o no pueden cumplir con las fechas y las metas establecidas.

Motor imparable
Eso es "sólo una cara del conflicto", describe González Noriega, a ello se agrega que terminan siendo un elemento controversial en las empresas, porque obligan a otros -principalmente si el workaholic es el jefe- a mantener la misma dinámica que ellos, por lo que se crean problemas entre los integrantes del equipo.
También destacan inconvenientes de salud y sociales que llegan a padecer estas personas. De entrada, son muy propensos a males gastrointestinales, cardíacos, y sufren de ansiedad, cambio de carácter inesperado, problemas para dormir. El extremo pueden ser las adicciones a sustancias como el alcohol y las drogas, indica Fernando Hernández, médico de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Justo a tiempo
Para Julieta González Noriega, el control de este tipo de problemas corresponde no sólo al trabajador, sino también a la cultura corporativa, que debe promover entre sus trabajadores el desarrollo, a través de otro tipo de actividades extra curriculares y sociales q aporten valor a su desempeño en lo laboral.
Mientras eso se logra, Erika Robledo se concentra en tratar de respetar los nuevos horarios de trabajo que ha establecido, aunque eso signifique que la miren ‘raro' por salir antes que los demás, cuando siempre era lo contrario.

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